De Letras y Montubiadas

Lo que pienso y digo…

Con frecuencia he escuchado la misma frase de labios de muchos conductores: nadie sale a matar en el volante.
Sin embargo, es una verdad a medias…
Veamos.
Es cierto que nadie que esté en sus cinco sentidos toma el volante de un carro y sale a matar al primero que encuentre. Se necesita estar loco o a punto de estarlo.
Pero la mayoría de los accidentes de tránsito ocurren por distracción, por no atender las señales de tránsito o por irrespetar las normas de seguridad. ¿Y en qué terminan? En muerte, heridas o, al menos, en pérdidas económicas.
¿Qué ocurre, entonces?
Es cierto que nadie sale con intenciones de causar la muerte de otros. Pero no es la intención lo que mata sino que lo hacen la impericia y la falta de prevención.
Es esa irresponsabilidad de la que hacen gala muchos conductores “profesionales” la que atemoriza.
Si se contara cuántos accidentes de tránsito son causados por fallas mecánicas o verdaderos errores humanos, la lista sería corta. La mayoría -y de eso estoy seguro- la ocasiona la imprudencia al volante.

No pude reflejarme en tus ojos oscuros
ni cantarte esa canción que nos gustaba;
no logré internarme más allá de tus muros
porque cuando fuiste a buscarme… yo no estaba.

Este mundo gris en que agito mi tristeza
para que no vegete en la orilla del pasado
se ha poblado de angustia, de dolor, de pereza,
de un pesar tan vacío, de un vacío pesado.

Y sigo aún trepado en la red de mis desvelos,
pensando en qué seré cuando estalle mi esfera;
aunque para entonces la vida, en sus celos,
me haya dejado tan sólo una indolente ceguera.

Karol escribió en Facebook: “cada obstaculo presenta una oportunidad para mejorar la propia condicion. !si alguna vez cae, levantese y siga adelante!” (sic).
A las pocas horas tenía varios comentarios de sus amigos que apoyaban la determinación que expresaba Karol en sus palabras.
Sabias palabras. Seguir adelante. No cabe duda que se debe avanzar por la vida. Como decía Alejandro Pinto, un director teatral al que conocí hace 20 años, la función debe continuar.
Sin embargo, lo importante de continuar está en saber dónde se pisó, por qué fue la caída. De esta forma, evitaremos tropezar dos veces con la misma piedra.
Esta parte de la filosofía personal puede aplicarse bien a los conglomerados. Volver a tropezar es seguir votando por quienes le han dado la espalda a la comunidad. Es mantener en el poder a quienes hacen poco por sus representados. Es mantener la fe en fórmulas que han fallado más de una vez.
Una caída representa una oportunidad para mejorar la propia condición. Lo dice Karol y se debe aplicar en todos los aspectos de la vida.

Durante cinco fines de semana debía viajar a Guayaquil, desde Manta o Portoviejo. Durante cinco fines de semana me tocó ir y regresar por una vía infernal por dos horas y media cada vez. continua leyendo…

Lo difícil del periodismo no está en la labor misma de conseguir la información. Es cierto que a veces hay trabas, pero la dificultad mayor está en otra parte del proceso. Está en transmitir los datos de la manera más fiel posible, buscando todas las aristas posibles, tratando de no inclinar la balanza a favor ni en contra de nadie. continua leyendo…

Semblantes desencajados.

Tristeza.

Un dolor profundo, para muchos.

Así es como los aficionados recibieron el empate de Liga de Portoviejo frente al Macará de Ambato.

La Capira, que jugó como local, ganaba el encuentro. Pero la alegría fue momentánea y antes de que el árbitro diera el pitazo final, ya el Macará había empatado. continua leyendo…

Manabí es, según aseguran muchos, la provincia de los nombres raros. Esta “fama”, aunque suene, también, raro, no es local. Al respecto, he visto notas publicadas en periódicos como El Mundo de España, El Siglo del Torreón de México , foros, secciones de “cosas locas” de páginas web , entre otros espacios.

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La comunicación es una tarea difícil. Muy difícil. Excesivamente difícil.

No es cuestión de buscar reacciones y transcribirlas. Es un ejercicio permanente de conocer la realidad y transmitirla en la forma más pura posible. Porque en la forma pura es imposible.

En un seminario reciente, el maestro Paco Sancho nos mostró un video que nos lleva a reflexionar sobre el “infierno” de los periodistas que no investigan, que no indagan, que no contrastan sus informaciones.

Pese a que se trata de una publicidad, el video El infierno de la prensa nos muestra los vicios a los que la mayoría de los periodistas quisiera tener muy lejos.

textoalternativoDesde hace algunos años se habla de discriminación y sexismo en el lenguaje. Se han organizado foros, discusiones, seminarios, charlas informativas y todo tipo de eventos para convencer a quienes escriben de que el lenguaje que se utilizaba hasta hace poco es excluyente.

Se afirma que se debe escribir “niños y niñas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “alcaldes y alcaldesas”, en lugar de los genéricos niños, ciudadanos y alcaldes, por citar ejemplos.

El asunto no es tan fácil. Es polémico. Hay gente a favor y gente en contra. No se puede ser neutral porque las palabras son un elemento de uso diario.

Es necesario entender que el lenguaje no discrimina. Lo discriminatorio está –aparte de las acciones- en la mentalidad de quienes lo utilizan.

Va tomando fuerza la tendencia a particularizar el discurso. Lo genérico no sirve porque discrimina. Hay que desmenuzar los vocativos.

No nos extrañe que en el futuro haya que iniciar un discurso con algo parecido a esto: “Señores alcaldes, señoras alcaldesas; niños, niñas, jóvenes, señoras, señores, adultos y adultas mayores, personas con capacidades especiales, blancos y blancas, negros y negras, mulatos y mulatas, mestizos y mestizas, gente de todas las razas: nosotros los hombres y las mujeres estamos preocupados y preocupadas porque los agricultores y agricultoras de nuestra Patria no pueden criar gallos, gallinas, chanchos ni chanchas para alimentarse. La pobreza es tal que ellos y ellas sólo pueden sembrar porque el dinero no les alcanza. Eso los lleva a caer en las garras de chulqueros y chulqueras que prestan el dinero a cambio de altos intereses…”.

Entonces se crearía una gran torre de Babel. Todos, porque nadie es idéntico al otro, tendrían derecho a exigir que se los tomara en cuenta para no sentirse discriminados.

Hasta se comenzarían a crear vocablos. Al fin de cuentas, si existen las madréporas también debería haber padréporos; si hay economistas también se graduarían economistos; si las periodistas escriben noticias, los periodistos también. Si me insultan a la madre, también puedo insultar al padre.

El lenguaje es lenguaje. Lo demás –hablando de este caso- es político. Nada más.